25/06/2008
He besado la piedra.

He besado la piedra. Mis labios encontraron
caliente su materia, ardida y tibia
como una mano firme. Sentí en su brote
de tiempo el tiempo mismo. Me consumí
en su fuego heredero del mundo, frágil fuego
que en la noche encendió la noche toda.
Una señal de amor se diluía
en la entraña del tiempo: los cauces
de la piedra eran camino de la sangre dolida,
de la carne dolida, de la dolida escarcha
en los inviernos del vivir. Pero besé la piedra
como quien roza un cuerpo allí latente,
como quien bebe el agua de la entraña
de un manantial de siglos. Se encendía
una vez más el corazón del mundo
en ese origen tenue que abrazaba
mis palabras también. Tuve palabras
para nombrar sus gestos, para dictar
sus leyes, para abrazar en su silencio
el mío. Temblaba allí el instante
escondido y callado: fue en mis labios
donde surgió el origen de un lenguaje
profundo como el tiempo, inmaterial acaso
de un reflejo de piedra en lo más hondo.
© J.M.Muñoz Quirós.
El fuego inhabitable (I Premio del II Certámen poético "Ciudad de Trujillo"), Septiembre 1.999.
22/06/2008
El don de la palabra.

William Timlin - The Ship That Sailed to Mars
http://www.nocloo.com
Asumimos la palabra como un don, como el mejor don que la vida nos ofrece para ser parte de las cosas, para integrarnos en el mundo con la voz y con todos los sentidos abiertos, con cada una de nuestras sílabas, con el difícil y extraño arte de comunicar.
La palabra es el don de los caminos íntimos del espíritu, de las rutas ocultas donde se siente el paso de la emoción, casi la presencia del silencio. Desde esa región de palabras y nombres interferimos el ritual de las cosas más insospechadas de la vida, los lazos que se aprisionan en el abismo que la palabra recrea con su existencia.
Ha llegado hasta nuestro espíritu la llamada del signo, el toque meditabundo de la expresión abierta y generosa. A través de su presencia nos alertamos del conocimiento, nos llueven ideas como gotas de libertad, nos invade un nuevo existir, lejos del castrante mutismo de otros muchos mensajes que arrastran nuestro ser hacia la vaguedad y el desencanto.
La palabra es salvadora en su naturaleza gratuita y misteriosa; nos viene dada sin dominios, sin intermediarios, sin nada que intente romper nuestro mensaje, sin interferencias clandestinas y esclavas.
Vivimos en una sociedad donde el valor de la palabra huye porque nadie la atrapa, nadie la acaricia lo suficiente como para sentirla en lo más ardiente de su ser, parte de su difícil permanecer en las cosas. La indeterminación del lenguaje provoca la confusión del pensar y en consecuencia la dificultad en el sentir. Somos parte de una confusa irracionalidad, parte de un iluso preludio de palabras esenciales.
Cuando seamos capaces de comprender hasta dónde podemos llegar en el camino sinuoso y perplejo de la palabra, cuando tengamos conciencia de que habitamos un mundo en el que la comunicación determina todos los comportamientos y todas las reacciones que conlleva nuestra conducta, cuando en definitiva aceptemos el lenguaje como don por el que se nos regala y se nos muestra la grandeza del universo, entonces ese cosmos pretérito que se enlaza con el sentir hondo del ser humano será el tributo que nos devuelva la dignidad para poder existir en un difícil sendero iluminado con palabras.
Es preciso reconocer, por encima de todo, el poder que la palabra tiene en la existencia y en la comunicación esencial del hombre.
El escritor es un creador que mezcla, como si fuera parte de una pasión abierta al mundo, el decir con el vivir, el hablar con el ser, la palabra con la existencia, inicia un sendero de revisión de las relaciones que el lenguaje tiene frente al sentir profundo del ser humano, se sirve de la palabra para poder mostrar a todos el sentido último que tiene ese don, la misteriosa y enigmática reverberación del sonido, el gesto que conforma ese misterio, sobre todos los órdenes de la vida y del sueño, el origen del movimiento primero de las cosas, el inicio también del oficio de nombrar el universo.
El don de la palabra verificará que somos hijos de un mismo gesto ritual y humano, que nos hace seres más hospitalarios con la libertad, sobre todo que nos emocionamos cuando alguien pronuncia y dice lo que estamos anhelando oír. El ser de la palabra es el mismo que el ser de la generosidad, el mismo que el poseedor de la tolerancia, también siempre el refundidor de los sueños y de las esperanzas. Anhela que todos aquellos que tienen en su voz y en su pensamiento el eterno deseo de comunicarnos, sin más y porque sí, instituyan el portento de poder acercarse hasta el corazón inocente y primero del verbo con el que se inicia el diálogo con la vida.
© J.M.Muñoz Quirós.
El don de la palabra (Academia Castellana y Leonesa de la Poesía), 2.002.
15/06/2008
Sonidos de Gredos.

http://www.gredos-norte.com/parque/geologia.html
Música del invierno,
ni las hojas ni el viento:
húmedo gemido del milano,
el águila suicida,
la clara sombra del pinar
y un fruto contenido en sus alas.
© J.M.Muñoz Quirós.
Los instantes vividos de El cuaderno de invierno, 2.000.
30/05/2008
Es la noche.

http://www.tunabarcelona.com/Viajes/2005/Viaje_Purisima/Zarpas/pages/
Es la noche. Podrá nacer en otra
oscuridad mayor, podrá escapar al tiempo
con una desnudez más íntima,
podrá sentir con más honda ternura
el paso de la vida, la plenitud del sueño
que se instaura en sus piedras,
que se adormece en sus luces todavía.
Podrá la noche florecer de luna
en su altura sin límites, en el destino
que desborda en sus formas la belleza
oscura del vivir y que presiente
la inmensidad que brota como un tiempo
esencial y profundo en cada cosa.
© J.M.Muñoz Quirós.
Ávila desde la noche, 1.999.
14/05/2008
El sueño del guerrero.

1
No lo pregunto, nadie sabe
decirme, nadie puede
llegar hasta el origen de mi duda,
llegar hasta la sombra
donde queda
escrita esa inconcreta
verdad de lo infinito.
2
Pueblos desnudos
asaltan la llanura,
claros destellos del ladrillo
asoman en las torres
donde cigüeñas duermen,
donde crece
la vida en los tapiales,
y enlutada de añiles
preludia la caricia de los días
que batallé a tu lado.
3
Primario centelleo
que tú has visto
tan cercano y distante.
En el otoño de sus ojos
la dimensión de la aventura
se ha poblado de dudas.
4
Total preámbulo en los labios
que no pronuncian nombres.
Desconozco
lo que me dices cuando duerme
el delfín de tus ojos.
5
He tardado dos mares
para llegar a ti: el primero
del día,
cuando rompe
sus sábanas el alba.
El segundo en la noche,
cuando calla la vida
y puedes comprender
la innecesaria
realidad del misterio.
6
Peligra el hueco de la luz
alertada y secreta
que ha metido en tus labios
el origen del tiempo.
7
Y, como sus pupilas,
se incendiaron los mares;
y al borde de la noche
adivino la rotunda
soledad de la entrega:
por los caminos anchos de sus brazos
se desplomó el misterio
antiguo de la vida.
En ese mismo instante
que tus manos formaban
la incógnita del mundo.
8
Cuando me hieres
en grito o en ausencia,
en palmera de brisa
o en juventud caída,
vuelve aquel tiempo
donde rozando el día con mis manos
se tornaba en estela.
Nunca más tuve anhelos de mirarme
en los espejos de la noche;
si deshojé la luz de cada día
fue porque te soñaba.
9
En latente armonía
con este pájaro, con esta
lluvia, con esta brisa
solitaria. Hielo
en las venas de la sombra
y penumbra en la risa.
Bella ocasión para tenerte
dibujada en la nieve.
Victoria para el tiempo
de abandonar la huida.
© J.M.Muñoz Quirós.
El sueño del guerrero, 1.995.
08/05/2008
Plenitud.

El universo es una caja desmedida,
y como ahora, un chispazo de amanecer
transforma la mañana en un jardín
donde muere la noche. Por extraña
paradoja, el corazón levanta el vuelo
y se posa en los ojos de otro ser,
y se confunde allí con esos brillos
hasta beber sobre la misma copa.
Qué rara sensación
volar sobre los cuerpos, navegar silenciosos
hasta la orilla de un camino, y luego
pasear por las jaras donde la celinda
renace, vislumbrar que la rosa
está preñada de caricias. Siempre
en el universo, en el fiel universo
de los pájaros, donde el polluelo enciende
su canto, donde nace, en la resurrección
de las flores más blancas. Claro
universo nunca ya habitado
por esa plenitud de lo imposible.
© J.M.Muñoz Quirós.
Rosa rosae, 1.995.
30/04/2008
Mira, muchacha.

http://aiyana.blogia.com/2006/092501-yo-me-justifico-tu-te-justificas-el-se-justifica....php
Mira, muchacha de ojos claros a quien siempre
convoco cada noche
al ritual de los espejos; mira
la ardiente flor urdida, el permanente flujo de la nieve,
columpio limpio de inocente y mansa
claridad sin palomas, y habla
con el sonido limpio que condena la soledad sin límites,
el árbol que colma sombras y presagios mudos,
la densa espera de un deseo eterno como el mundo,
y mira, muchacha de ojos claros, a quien siempre
convoco con la llamada de los fuegos, siempre
en la ingenua prontitud de los inmensos desiertos
aprendidos.
Está la tarde escrita sin palabras.
© J.M.Muñoz Quirós.
Ritual de los espejos, 1.991.
22/04/2008
La perfecta mirada.

http://perso.wanadoo.es/cies2000/cies.htm
La perfecta mirada es un cuchillo amargo
que te clava la vida. Después
nada es lo mismo, ya nada es como era:
sin sentir más sus filos
el corazón se duele,
el corazón va siendo cada pozo infinito
donde caen los silencios. El tiempo
esa navaja de talar los recuerdos,
ayeres que gravitan en la carne y derraman
un azaroso instante. La mirada
es entonces
destino definido, como todo sendero
que te obliga y te pesa,
una ley que subyuga sin libertad posible.
(Cuando cae la mirada
el mundo se ensombrece de repente).
© J.M.Muñoz Quirós.
Naufragios y otras islas, 1.988.
16/04/2008
Si querencia.

Si querencia
me llamas a las diez
habré puesto al portón
todas las llaves con tu nombre
mis llamadas atentas y caídas
irán recrudeciendo
haciendo agua
de timbres y de luces madriguera
para vivir el tiempo que nos resta
de acumular el viento y la sequía
el mismo don de luz y de palabras
si querencia
te espero en el portal de la esperanza
diez números de más en el olvido.
© J.M.Muñoz Quirós.
Carpe diem, 1.987.
15/04/2008
I.

http://www.artehistoria.jcyl.es
Es de día (mira qué brillo denso
enturbia las farolas) sobre el azul sestea
el último resquicio
de la ciudad que en niebla resuelve su misterio;
abierto como un árbol el alba se apresura
y rompe son sus manos su lamento estrellado
donde quiebran las luces y bostezan los lirios,
en la ciudad de un luto de dulce pergamino
sobre piedras y restos de sueños olvidados ...
Las cosas van tomando nitidez de pañuelo; sábanas
que se cuelgan de todos los balcones, geranios
que a la luna dan un adiós furtivo
amatorias palabras que cesan en sus bocas
para empezar la estancia de las cosas palpables.
(Es de día y las horas respiran somnolientas
mientras los coches ruedan asfaltos doloridos).
© J.M.Muñoz Quirós.
La estancia, 1.985. Premio Nacional de Poesía Gredos, 1.986.


